Cómo los hoteles se pueden convertir al turismo ecológico y sostenible

El turismo sostenible se ha convertido en un elemento de tendencia en el mercado turístico. La industria está cada vez más concienciada sobre la importancia de ser ecológicamente responsables (alentada posiblemente por el peso creciente que han tenido iniciativas como el Año del Turismo Sostenible para el Desarrollo de la ONU) y está notando además un interés creciente entre los consumidores.

Ser sostenibles se ha convertido en cierto modo ya en una de las claves para poder sobrevivir en un mercado competitivo, en el que los márgenes son más escasos y en el que cada vez hay más competidores.

Los consumidores quieren que sus destinos de vacaciones sean medioambientalmente respetuosos. Entre 2014 y 2015, la demanda de destinos de vacaciones sostenibles se multiplicó por cinco, según datos de Booking. Además, estos viajeros son mucho más ‘espléndidos’ con sus gastos: si su hotel es sostenible, un 83% de los consumidores está dispuesto a pagar más por su habitación.

Para la industria turística y para los hoteles de forma específica (ellos que están viendo como su situación se está volviendo cada vez más complicada por la presión de alternativas como Airbnb), ser verdes se ha convertido en una prioridad que tienen que asumir.

Igualmente, la sostenibilidad no es solo una cuestión de ética, de responsabilidad social corporativa o de contentar al turista, sino también de eficiencia del gasto. Sus cuentas de resultados mejoran cuando se vuelven eficientes porque recortan el despilfarro de recursos y reducen los costes operativos de paso.

El camino a seguir para convertirse en un hotel sostenible

El camino para convertirse en un hotel sostenible requiere cambios y también tomar decisiones acertadas. Antes de nada, hay que buscar partners que ayuden a establecer en qué situación se está y cómo se debe actuar. Hay que encontrar a los socios que servirán de guía en la transformación.

En el caso de Balantia, por ejemplo, los especialistas ayudan desde a desarrollar y transformar los destinos turísticos en smart destinations hasta a poner en marcha sistemas de gestión hotelera mucho más eficientes que controlen la energía, las operaciones y las instalaciones.

Las acciones que deben seguirse para mejorar y ser más eficiente deben aplicarse en todos los terrenos. Hay que reducir el gasto de agua, que optimizar el consumo energético o que cambiar los sistemas de climatización para que sean mucho más responsables, por poner solo unos cuantos ejemplos.

A eso hay que sumar que también se deben cambiar las fuentes de energía, haciendo que entren en juego las energías limpias, o que se deben propiciar comportamientos más responsables que reduzcan la huella de los huéspedes, como puede ser siendo mucho más ‘friendly’ con los medios de transporte ecológicos o incentivando la reducción del uso del plástico.

También hay muchas veces que actuar sobre el propio edificio y sobre su estructura, realizando acciones que mejoren el aislamiento y poniendo en marcha planes de rehabilitación energética. Un estudio reciente apuntaba que nada más y nada menos que siete de cada 10 hoteles en España presenta problemas de ruido (que son por otra parte la razón de un tercio de las reclamaciones que se presentan a los hoteles en España).

Y, finalmente, no hay que perder de vista que convertir a la industria hotelera y a la del turismo en algo mucho más limpio no resulta tan caro como pueda parecer a simple vista. Según algunas estimaciones, eliminar los efectos que el turismo tiene en el CO2 tendría un coste de solo 11 dólares por viajero. Si se tiene en cuenta la importancia de ser sostenibles, se puede concluir que el retorno es mucho más elevado.